Este grupo subversivo inspirado en el Che Guevara lleva 55 años en la lucha armada. El presidente Iván Duque enterró las negociaciones de paz con esta guerrilla luego de que el gobierno la acusara de perpetrar el atentado que el jueves dejó al 21 muertos y 68 heridos en Bogotá.

La decisión del mandatario colombiano el viernes por la noche, sepultó nuevamente las accidentadas negociaciones de paz con esta guerrilla. Han sido cinco los procesos que han intentado acabar con el alzamiento en armas del ELN. En febrero de 2017, el entonces presidente Juan Manuel Santos instaló las discusiones en Ecuador, tres meses después de firmar un pacto con las FARC. En mayo de 2018, la mesa se trasladó a Cuba.

El Ejército de Liberación Nacional, mejor conocido por sus siglas ELN, es un grupo guerrillero insurgente de extrema izquierda, considerado un grupo terrorista por Colombia, Perú, Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea. Desde su creación, en 1964, ha sido uno de los actores del conflicto armado colombiano. Muchos de sus fundadores, sindicalistas y estudiantes, recibieron formación en Cuba y eran simpatizantes de Ernesto Che Guevara y de la revolución cubana.

Un año después, se unió a la organización el cura colombiano Camilo Torres (1929 – 1966), seguido de tres sacerdotes españoles, entre ellos, Manuel Pérez, quien lideró la guerrilla hasta su muerte en 1998. Todos eran adeptos de la Teología de la Liberación, corriente de la Iglesia Católica que defiende la lucha a favor de los pobres.

Actualmente, el ELN cuenta con 1.800 combatientes y varios miles de milicianos, según el gobierno, -muchos más según la guerrilla-, bajo comando de Nicolás Rodríguez Bautista, alias “Gabino”, quien abrazó la lucha armada a sus 14 años.

Como comandante general del ELN desde 1998 tras la muerte de Manuel “El cura” Pérez, Gabino ha centrado las acciones de la guerrilla en el control de los recursos naturales. Por ello, el ELN tiene como objetivos militares a la infraestructura energética y a las transnacionales presentes en el país. También recurre al secuestro y al chantaje para financiarse.

Crímenes e intentos de paz con el ELN

La guerrilla guevarista ha frustrado todos los intentos de negociación hasta la fecha. Desde las iniciativas de Ernesto Samper, quien logró sentar al ELN en Maguncia (Alemania), hasta Juan Manuel Santos, pasando por Andrés Pastrana, que les reconoció el estatus político, los gobiernos colombianos sucesivos han intentado convencer a los “elenos” de abandonar la lucha armada.

Pero la respuesta por parte de la guerrilla siempre ha sido violenta lo que ha golpeado su credibilidad. Uno de los atentados más emblemáticos y sangrientos del ELN fue el ataque contra el oleoducto de Machuca, el 19 de octubre de 1998, apenas tres meses después de que se instalaran las conversaciones en Maguncia. En este atentado murieron 70 personas calcinadas.

Durante el gobierno de Pastrana, el grupo ilegal inició una campaña de secuestros masivos y extorsiones, que con el tiempo han devenido en las principales actividades de esta guerrilla. En abril de 1990, secuestraron a más de 30 pasajeros de un avión de Avianca, por quienes se debió pagar altas sumas de dinero para su liberación. Ese mismo año, el ELN se llevó a 180 personas que se encontraban en una iglesia en la ciudad de Cali, y más adelante retuvieron a más de 70 personas en una zona turística en la vía Cali-Buenaventura.

Entre 2003 y 2010, hubo un declive de las acciones militares del ELN, debido a la expansión de los paramilitares y a la política de “Seguridad Democrática” del entonces mandatario Alvaro Uribe. En ese período, aunque hubo encuentros y acercamientos entre el gobierno y la guerrilla, nunca se concretó un acuerdo sobre los secuestros y el desminado, puntos clave en esas discusiones.

Por su parte, el presidente Santos dio inicio a conversaciones formales con los líderes de la guerrilla, instalando mesas de discusión en Ecuador y luego en Cuba. Agenda que quedó en suspenso tras la llegada de Iván Duque. Pero el último episodio, el mortífero atentado contra una escuela militar en Bogotá, ha hecho polvo la posibilidad de una reanudación del diálogo.

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