El fundamentalismo hindú amenaza con fracturar India

Posted on January 05, 2019, 12:52 pm
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El fundamentalismo religioso hindú vuelve a comprometer al Gobierno de India. Grupos radicales presionan al Ejecutivo para que permita la construcción de un templo hindú en el mismo lugar donde en 1992 fue derribada la antigua mezquitade la ciudad de Ayodhya, al norte del país. Aquella demolición originó un sangriento enfrentamiento entre hindúes y musulmanes, y dejó miles de muertos. El asunto está en manos del Tribunal Supremo, que dará a conocer su resolución este mismo mes.

La presión del nacionalismo religioso ha obligado a cambiar los nombres árabes de varias ciudades y calles del norte de India, donde se concentra gran parte de la mayoría musulmana. Muchos de estos lugares conservaban su denominación desde que el imperio mogol ocupó la región septentrional del subcontinente en el siglo XVI. Incluso el origen musulmán del Taj Mahal, máximo exponente del legado cultural mogol y patrimonio universal, está cuestionado por los fanáticos hindúes.

Pero lejos de frenar lo que el escultor indio Anish Kapoor tilda de “talibanismo hindú”, el Gobierno de India multiplica las concesiones populistas ante la proximidad de las elecciones generales. El Partido Bharatiya Janata (BJP) llegó al poder con la mayoría más clara de las últimas décadas gracias a las bases del llamado cinturón hindú, es decir, de los Estados donde los seguidores de Brahma son mayoría. Pero tras el batacazo electoral que sufrió el partido en los comicios regionales que se celebraron el pasado diciembre en cinco Estados que tradicionalmente eran bastión de BJP, las alarmas se han activado.

La posible victoria del BJP en las elecciones generales de este año depende del apoyo que reciba en las regiones más pobladas del cinturón hindú y que aún no han celebrado sus comicios: Bihar y Uttar Pradesh. Los más de 200 millones de habitantes de este último envían el mayor número de legisladores al Parlamento. Y su Gobierno es el que ha renombrado los enclaves del norte para exaltar el hinduismo. Su jefe, el predicador nacionalista Yogi Adityanath, fue detenido por instigar al odio en la región más afectada por asesinatos religiosos. “Si ellos matan a un hindú, nosotros mataremos a 100 musulmanes”, dijo a sus fieles.

“La violencia nace del discurso del miedo a las minorías. Esto desvía la atención de lo que importa. Como la muerte de 30 niños en un hospital público de Gorakhpur [en Uttar Pradesh] por falta de suministros”, analiza Irfan A. Engineer, director del Centro por el Estudio de la Sociedad y el Secularismo y musulmán. Según las estadísticas, el 84% de las víctimas de asesinatos de índole religiosa en la última década fueron musulmanes, lo que alarma a los 172 millones de fieles que viven en el país. El 13% del total de la población de India (que tiene unos 1.320 millones de habitantes) pertenecen a esta confesión religiosa. Después de Indonesia y Pakistán, India es el país con mayor número de musulmanes. Pero la convivencia con los vecinos hindúes nunca fue fácil.

“Es imperativo reescribir la historia de India. Su glorioso pasado fue eliminado”, explica Rakesh Sinha, ideólogo de Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), matriz de los grupos promotores del hindutva, teoría que defiende la hegemonía del hinduismo. Prohibida cuatro veces por incitar al odio religioso y asociada al asesinato de Mahatma Gandhi, RSS es la mayor agrupación voluntaria del mundo, con más de seis millones de miembros. Aunque declarada apolítica, tiene estrechos vínculos con el poder: el conocido monje fundamentalista Adityanath es miembro y el primer ministro, Narendra Modi, militó en ella.

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