Los musulmanes patriotas de Polonia

Posted on January 01, 2019, 10:48 am
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Dzemil Gembicki llega por la mañana a la mezquita, aparca su Land Rover al lado del bosque y saluda al visitante. “¡Dzien dobry!”. Da los buenos días con gran efusividad; Gembicki desprende ese calor de hombre de campo que no marca distancias con el forastero. Está acostumbrado a recibir gente casi todos los días. Aparte de ser el administrador de la mezquita, hace de guía. Y le encanta contar a todo aquel que visita este lugar remoto en el noreste de Polonia, a tan solo cinco kilómetros de la frontera con Bielorrusia, la historia de su pueblo, Kruszyniany, que es también la historia de la minoría tártara, a la que él pertenece.

“Muchos polacos que vienen hasta aquí no se pueden creer que en Polonia haya mezquitas”, dice Dzemil Gembicki

“Aquí vivimos ahora mismo ocho familias de musulmanes tártaros, estas tierras son nuestras desde hace siglos”. Esta minoría étnica, originaria de Asia central, lleva en Polonia desde el siglo XIV. Pero fue a finales del XVII cuando el rey Jan Sobieski III regaló estos terrenos de bosque y pastizal a los soldados tártaros por los servicios prestados en las luchas contra el imperio otomano, como la decisiva batalla de Viena de 1683, en la que la caballería polaca (con ayuda de los tártaros) jugó un papel decisivo en la victoria de la cristiandad europea frente al enemigo turco.

Desde entonces, se han integrado en la sociedad hasta tal punto que lo único que realmente les diferencia de sus compatriotas eslavos es su confesión religiosa. Pero a día de hoy son muy pocos, apenas unos 3.000 en un país de unos 38 millones de habitantes.“Muchos polacos que vienen de turismo no se pueden creer que en Polonia haya mezquitas”, asegura Gembicki. “Desconocen nuestra cultura, y de ahí vienen los problemas”, añade. En los últimos años, los tártaros se han sentido en el punto de mira por el discurso contra los refugiados y los musulmanes que tanto ha reivindicado la ultraderecha del país, liderada entre otros por el partido del Gobierno Ley y Justicia (PiS)

Gembicki dice no tener miedo, pero vive el momento con recelo. “Lo único que puedo hacer es mostrar a los polacos nuestra cultura, que es la suya también”. Este mediodía recibe a un grupo de estudiantes de un instituto. Cuando los adolescentes se bajan del autobús, se ha despejado la intensa niebla que engullía el paisaje helador de Kruszyniany. “Fíjese, ahora sí se ven las medias lunas doradas de las cúpulas de la mezquita”, muestra con orgullo. Esta construcción de madera de fresno del siglo XVIII revestida en verde (el color del Islam) parece una iglesia ortodoxa. “Los tártaros éramos militares, no entendíamos de arquitectura, así que nuestros antepasados contrataron a gente local, cristianos ortodoxos”, cuenta Dzemil Gembicki. “Aquí somos todos multiconfesionales”, dice. Él está casado con una mujer católica y es padre de dos niños. “Mi hijo es musulmán y mi hija, católica. Así lo decidimos antes de que nacieran, y vivimos sin problema”.

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