Israel llama a las urnas entre sombras de corrupción

Posted on December 29, 2018, 11:08 pm
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La Kneset, el Parlamento unicameral de Israel, se autodisolvió esta semana sin ceremonias. El harakiri de los diputados, pactado el día de Nochebuena por los partidos, abre paso a una campaña electoral de casi cien días que apenas tiene precedentes en los 70 años de historia del Estado judío. Las elecciones adelantadas al próximo 9 de abril, siete meses antes del fin de la legislatura, se presentan como un plebiscito sobre la figura de Benjamín Netanyahu, primer ministro durante las tres pasadas legislaturas. Los tres casos de corrupción en los que le involucra la policía han ensombrecido sus últimos años en el poder, pero todos los sondeos le dan como claro ganador de nuevo en las urnas al frente del conservador partido Likud.

Desde que empezó su carrera política hace cuatro décadas, Netanyahu (Tel Aviv, 1949) sueña con convertirse en el primer ministro que más tiempo ha ejercido el poder en Israel. Si suma su primer mandato (1996-1999) a los tres que ha encadenado desde 2009, le restan unos pocos meses para superar la marca de David Ben Gurion, el padre fundador de la nación.

“Muchos electores van a votar por el Likud no porque crean que Benjamín Netanyahu es inocente, sino porque rechazan de plano que pueda ser considerado sospechoso e interrogado e inculpado”, razona Nahum Barnea, columnista político del diario Yedioth Ahronoth, el de mayor circulación del país. “El suyo será un voto de protesta… pero ahora en favor del primer ministro”.

Esta parece ser la fórmula de Netanyahu en búsqueda de la supervivencia en el poder. Las señales enviadas en las últimas semanas por responsables de la fiscalía sobre una previsible inculpación en el mes de marzo, en al menos dos de los tres casos de corrupción que le salpican, le han obligado a cambiar de planes sobre la marcha. En noviembre había frenado en seco las presiones para adelantar las elecciones tras la dimisión del ministro de Defensa, el ultraderechista Avigdor Lieberman. Entonces alegó “razones secretas de seguridad nacional”, que poco después se hicieron explícitas con la operación militar para desmantelar los túneles excavados por Hezbolá en la frontera de Líbano.

Ganó algo de tiempo, pero ya no pudo evitar la disolución de la Kneset. Los dos partidos ultraortodoxos integrados en la coalición más derechista en la historia de Israel le amenazaban con romper filas. El detonante era la ley de alistamiento forzoso al servicio militar para los estudiantes de las yeshivas (escuelas rabínicas), prácticamente exentos de ser reclutados por el Ejército, que debía ser aprobada en enero.

Una media de los diez principales sondeos electorales elaborada esta semana por el analista Daniel Kupervaser constata una previsible repetición de los resultados de los comicios de 2015. En una Cámara de 120 escaños, el bloque de derechas encabezado por el Likud sumaría 57 diputados frente a los 45 del bloque del laborismo y partidos centristas. El bloque de la izquierda pacifista y los partidos árabes israelíes, con 18 escaños, no suele entrar en el juego de las coaliciones poselectorales. “Si no se produce un cambio significativo por una razón externa, como la imputación del primer ministro, tenemos Netanyahu para rato”, concluye Kupervaser.

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