Si el boxeo recurre cada tanto a “la pelea del siglo” para promocionar sus grandes noches, al fútbol argentino no le hacen falta anabólicos para anunciar su próximo duelo: el River-Boca que definirá la Copa Libertadores 2018 será “el partido de todos los tiempos”. La crisis económica, la inflación y la devaluación del peso dejarán de ser durante unas semanas los mayores temas de conversación de los argentinos en perjuicio de un superclásico sin antecedentes. Será, además, la definición más antagónica en la historia del máximo torneo sudamericano, que en sólo dos ocasiones tuvo como finalistas a equipos de un propio país, los brasileños San Pablo-Atlético Paranaense en 2005 e Inter-San Pablo en 2006, pero sin rivalidad ancestral entre ellos.

La definición entre los dos equipos más populares de Argentina quedó sellada este miércoles, cuando Boca empató 2-2 ante Palmeiras en San Pablo por una de las semifinales y validó el 2-0 que había conseguido en la ida, en Buenos Aires. El martes, también en Brasil, River había conseguido una hazaña ante Gremio con dos goles en los últimos 10 minutos para revertir una doble desventaja ante el equipo de Porto Alegre, que había ganado 1-0 el primer partido en Buenos Aires y vencía 1-0 en la reval

El 70% de los hinchas argentinos, según los censos realizados por diversas encuestas, contiene el pulso ante los dos partidos que definirán la Copa: la ida se jugará el próximo miércoles 7, en la Bombonera, y la revancha será en el Monumental, con fecha todavía por confirmar. La Conmebol había estipulado originalmente que se jugara el 28 de noviembre, pero como entre el 30 de este mes y el 1º de diciembre se realizará en Buenos Aires la cumbre del G20, los organismos de seguridad pedirán que el partido se anticipe al miércoles 21. Ambas finales, que se jugarán solo con público local, serán además las últimas a ida y vuelta de la Libertadores, que desde 2019 instalará el sistema de único partido en sede neutral.

Boca y River se enfrentaron 373 veces entre partidos oficiales, amistosos, nacionales e internacionales, y sólo dos de ellas fueron en finales (en 1976 Boca ganó el torneo Nacional y en marzo de este año River se quedó con la Supercopa Argentina) pero ninguno fue tan taquicárdico ni determinante como serán los próximos dos.

La semana pasada, cuando los gigantes argentinos todavía no habían eliminado a Palmeiras ni a Gremio, el presidente del país, Mauricio Macri, extitular de Bocaentre 1995 y 2007, reconoció que prefería que la final no fuera entre los históricos rivales. “¿Vos sabés la presión que va a ser eso? El que pierde va a tardar 20 años en recuperarse. Es una final que se juega mucho, demasiado. Sería mejor que uno de los dos que vaya a la final sea brasileño, al que le toque, pero así no tenemos esa final que nos quedamos de cama todos los hinchas de Boca y de River durante tres semanas”, dijo Macri.

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