Posted on January 05, 2021, 10:13 pm
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Hace dos años, Jorge Terreu, un joven maño de 22 años, cursó tercero de Ingeniería Informática en Francia. Aunque hablaba con su familia a menudo, echaba de menos ver a su abuela Maximiliana, de 86 años, que no se manejaba ni con las videollamadas ni con los móviles. «Ella decía que un aparato con el que tuviera que hacer muchas cosas no entraba en casa, así que en tres meses reprogramé un smartphone para que contestase automáticamente a las llamadas y lo mandé a casa. Empezaron a usarlo todos», cuenta Terreu.

Después, por si pillaba a su abuela de paseo, incluyó un servicio de localización, un aviso de batería baja y una funcionalidad que leía en voz alta mensajes y recordatorios. «Se puede usar como recordatorio de medicamentos y cosas así, aunque yo lo usaba para mandarle también tonterías, preguntarle quién era su nieto favorito y recordarle que la echaba de menos», relata con ternura el emprendedor. Lo que no esperaba este aragonés es que este invento casero, rebautizado como Maximiliana, se convirtiese en una herramienta que ya ayuda a 50 familias en toda España.

«Siempre me decían que mi abuela no era una excepción, sino la norma, y que todos querrían usar un móvil igual de potente que el que tenemos todos en videollamada, así que acabé el producto en marzo. Cuando estalló la pandemia donamos cinco prototipos al hospital de Zaragoza para que los mayores, que tenían móviles antiguos, pudieran ver a su familia. Y les encantó. En verano empezamos a salir en medios locales y un inversor apostó por el proyecto. Desde entonces, todo ha sido una locura», admite el joven.

Gracias a esta inyección económica, la empresa Maximiliana cuenta con cuatro empleados (dos en prácticas) que vigilan que nada falle en estos móviles «a prueba de bomba» por los que cada cliente paga una cuota mensual de 19,90 euros. No hay que comprar el dispositivo (el proveedor de la empresa es Xiaomi), no tienen permanencia y se pueden personalizar. Funciona con una tarifa de datos que se puede contratar con Maximiliana (fruto de su acuerdo con Simyo) o de forma independiente.

En un principio, plantearon ofrecer el servicio solo en Aragón, pero comenzaron a crecer y actualmente tienen clientes en toda España. «Lo que hacemos es una gozada. Cuando alguien está solo, un aparato así, que le vigila y acompaña, le da la vida», confiesa orgulloso Terreu, que reconoce que Maximiliana presume con sus amigas de las apariciones de su nieto en prensa.

El futuro de Maximiliana

En una época en la que a los jóvenes cada vez les cuesta más independizarse, Maximiliana ha permitido a Jorge Terreu independizarse a sus 22 años. No es su primer proyecto emprendedor -«Hice una aplicación de autobuses que fue muy bien y tuve también varios fracasos», reconoce-, aunque aún le sigue abrumando la cantidad de tiempo que se le va en gestiones, más que en cuestiones relacionadas con su producto.

Con todo, ya está pensando en las futuras mejoras que le harán a Maximiliana. «Trabajamos constantemente en actualizaciones de los teléfonos, y avisamos a los clientes cuando implementamos nuevas funcionalidades. Ahora estamos trabajando en un módulo con inteligencia artificial que permite detectar actividades de riesgo y automáticamente avisa a un familiar. La persona mayor no tiene que hacer nada», afirma Terreu. Más fácil de implementar será una nueva herramienta que le han pedido los clientes: ver la Misa a través del teléfono. «Como ahora muchos no pueden ir a la Iglesia, quieren que se les conecte a las 12.00 horas automáticamente», plantea Terreu, que vivirá la entrada de 2021 con Maximiliana, físicamente.

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