Posted on November 24, 2020, 7:50 pm
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Las fuerzas de seguridad del Estado expulsaron de manera expeditiva, la madrugada del martes, a dos centenares de inmigrantes que habían «acampado» en la muy céntrica e histórica Plaza de la República, confirmando que la inmigración se ha convertido en «carne de cañón» de guerra política sin cuartel.

Días pasados, un campamento de inmigrantes, instalados en Saint-Denis, en la frontera norte de la periferia de París, fue desalojado con mucho aparato de tensiones e incendios, espectaculares. Una gran mayoría de los 2.500 refugiados e inmigrantes expulsados en Saint-Denis fueron reinstalados en otros lugares, por cuenta del Estado.

En el corazón de París

La noche del miércoles, unos doscientos o trescientos inmigrantes y refugiados, africanos, en su mayoría, «acamparon» en la parisina Plaza de la República, con flamantes tiendas de campaña. La Plaza de la República tiene en la geografía de París un puesto semejante al que pueden tener Cibeles o Plaza de Colón, en Madrid.

Salta a la vista que los inmigrantes fueron conducidos hasta esa plaza por los «consejeros» de grupúsculos «humanitarios» o izquierdistas, que les proporcionaron tiendas de campaña, recién compradas.

Durante varias horas, los inmigrantes «acampados» y sus «consejeros» fueron invitados a abandonar la plaza, que también es un centro de comunicaciones de primera importancia.

Tensión con la Policía

Las invitaciones fueron recibidas con silencio por parte de los inmigrantes, inmóviles y «encerrados» en sus flamantes tiendas de campaña. Por el contrario, los «consejeros» y portavoces oficiosos de las organizaciones izquierdistas y «humanitarias» comenzaron a increpar e insultar a las fuerzas del orden y unidades antidisturbios que habían comenzado a tomar posiciones en todas las esquinas de la plaza.

Insultos y provocaciones terminaron provocando «incidentes». El Prefecto de París, representante del Estado, terminó dando la orden de desalojar el campamento. Los militantes respondieron con resistencia física y pasiva. Los antidisturbios decidieron recurrir a la fuerza, con gases lacrimógenos. Estalló una batalla campal, convertidos los inmigrantes en carne de cañón, utilizados como «arma» y «escudo» contra la «represión de Estado».

Las prefecturas de París y la región Isla de Francia reaccionaron con un comunicado redactado en estos términos: «No es aceptable que ciertas organizaciones monten ese tipo de campamentos. Las fuerzas del orden se vieron obligadas a proceder a la dispersión de ese ocupación ilícita del espacio público. Todas las personas necesitadas de ayuda y albergue con invitadas a presentar en los centros de acogida donde se ofrecen regularmente soluciones adaptadas a la situación de refugiados e inmigrantes».

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