Posted on November 21, 2020, 12:11 pm
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Stefan T., de 44 años y que trabajaba en el tendido de redes de alta tensión, desapareció el pasado 5 de septiembre, cuando salió de su casa sin advertir a sus compañeros de piso acerca de ningún viaje para no regresar jamás. Constó como desaparecido hasta que, el 8 de noviembre, unos senderistas hallaron por casualidad en un parque cerca de Schönerlinder Chaussee, en Buch, un hueso que resultó ser parte de los restos humanos del desaparecido, concretamente parte de una pierna. El hueso estaba «totalmente desprovisto de carne» y mostraba además otros indicios «que nos hacen sospechar que Stefan T. fue víctima de un caníbal», afirmó el informe forense, después de que las pertinentes pruebas genéticas confirmasen que se trataba del cuerpo del electricista. Fue entonces cuando se abrió la investigación por posible asesinato y la policía recabó dos pistas importantes. Por una parte, el rastro digital del fallecido conducía a un chat de citas en el que los usuarios hablaban de canibalismo. Por otro lado, un taxista cobró a su tarjeta de crédito una carrera que conducía al domicilio de otro de los usuarios del chat, cuya vivienda registró la policía este miércoles, ya con la orden judicial bajo el brazo. El registro sirvió para dar con algunos espeluznantes hallazgos y para reforzar la tesis del asesino caníbal.

«Es para hacer jabón», respondió Stefan R. cuando los investigadores le preguntaron por los aproximadamente 25 kilos de hidróxido de sodio, una sosa cáustica apta para disolver tejidos humanos, que fueron encontrados en su sótano. Este profesor de matemáticas de 41 años de edad y usuario del mismo foro en las redes sociales, tenía también una sierra en el pasillo y, cuando los sabuesos rastrearon la vivienda, alertaron a sus adiestradores de la policía sobre la presencia de sangre humana, que, efectivamente, fue hallada en un congelador del sótano. Más bolsas de sangre aparecerían después en toro refrigerador, en un estudio en el que trabaja el maestro. «El resto de los hallazgos son una carretilla de mano y una sierra médica en el sótano», informa un portavoz policial, que añade que la tesis del canibalismo sexual tiene bastante fuerza en el caso y que los investigadores no asumen el consentimiento de la víctima. «No hay evidencia de acuerdo consensual», enfatiza Martin Steltner, portavoz de la Fiscalía de Berlín, «al menos el chat y las comunicaciones detectadas hasta ahora no permiten hacer esa conjetura».

«El resto de los hallazgos son una carretilla de mano y una sierra médica en el sótano», informa un portavoz policial

El presunto asesino había investigado el canibalismo en Internet y también se movía en una plataforma de citas, en la que tuvo contacto con la víctima, por lo que la policía rastrea ahora la aplicación en busca de otros usuarios con los que también tuvo contacto. «Es muy difícil que repita esa conducta en la misma plataforma porque sería muy fácilmente detectable, pero quizá en alguna conversación hizo algún comentario que pueda ilustrar sobre sus intereses y comportamiento», dice Steltner.

Una cita sexual

La víctima vivía en un apartamento compartido en Harnackstrasse, en el berlinés distrito de Lichtenberg, y abandonó su domicilio poco antes de la medianoche del 5 de septiembre. Pidió al taxista que se dirigiese hacia la calle Parkstrasse, en Pankow. La tesis del fiscal es que se trataba de una cita sexual que terminó en asesinato y que el sospechoso comió al menos parte de la carne de la víctima, lo que sería deducido del estado en que fueron encontrados los huesos. Después, siguiendo con esa tesis, se deshizo de parte del cuerpo por desintegración y de los huesos restantes en el bosque. «La cantidad de material cáustico acumulado en su casa sugiere que lo compró al por mayor, y estamos investigando también si había efectuado compras anteriores, lo que podría conducir a otros asesinatos», sugieren fuentes de la Kripo, la sección policial que se hizo con la investigación el 17 de noviembre, después de que el expediente fuese trasladado a homicidios desde la oficina de personas desaparecidas LKA. El sexto escuadrón de homicidios de Berlín tiene ahora la competencia sobre el caso.

De confirmarse, este caso tendría como precedente en Alemania el de Armin Meiwes, conocido como «el caníbal de Rotenburgo», condenado en 2004 a ocho años y medio de prisión por homicidio, tras confesar haber matado tres años antes al berlinés Bernd Jürgen Brandes, de 43 años, que había viajado desde Berlín hasta aquella localidad para dejarse matar y ser devorado por el caníbal. En aquel caso se concluyó que sí había habido al menos cierto nivel de consentimiento, y el siniestro crimen inspiró al cineasta berlinés Martin Weisz, quien acompañado por el guionista T.S. Faull y el productor Marco Wever, dirigió un largometraje de terror de 88 minutos de duración, con Thomas Kretschmann en el papel protagonista, y reconstruyendo con bastante fidelidad los hechos, tal y como demostró la fiscalía que había procedido el caníbal de Rotenburgo.

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