Posted on October 29, 2020, 10:48 am
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En un pulso que dura ya más de dos meses y medio con la oposición, que le acusa de fraude electoral, y en medio de la huelga general convocada por la excandidata presidencial y líder del movimiento, Svetlana Tijanóvskaya, el dictador bielorruso, Alexánder Lukashenko, ha acusado a Polonia y Lituania de estar financiando los actuales paros en las fábricas y a los propios huelguistas y manifestantes de actuar como terroristas.

Tales palabras constituyen un signo inequívoco de que Lukashenko está perdiendo la paciencia y han sido entendidas por la oposición como una clara advertencia de que endurecerá la represión. Pese a que la huelga no está teniendo el seguimiento deseado por culpa de los continuos arrestos, el Consejo de Coordinación de la oposición continúa llamando a las protestas y a los paros para lograr sus tres objetivos: la dimisión del Lukashenko, el cese de la represión y la puesta en libertad de todos los presos políticos.

A juicio del presidente bielorruso, «empezamos a enfrentarnos a amenazas terroristas». Lo dijo ayer durante una reunión previa de la llamada Asamblea Popular, órgano que se convoca cada cinco años. «Si no, ¿cómo se puede calificar que la salida de los trenes se esté saboteando bloqueando el sistema automático y causando cortocircuitos en las vías», añadió amenazante.

Las fuerzas de seguridad ya han advertido que «las explosiones, incendios premeditados u otras acciones potencialmente letales, que causen lesiones o consecuencias graves» serán calificadas como «atentados terroristas». De esta forma, quienes constituyan piquetes o acudan a manifestaciones de protesta podrían enfrentarse, no sólo a imputaciones por desórdenes o participación en actos no autorizados, sino incluso por terrorismo.

Lukashenko exigió ayer a los centros docentes que expulsen sin pérdida de tiempo a los estudiantes involucrados en las movilizaciones. «Unos tendrán que ser enviados a hacer el servicio militar y otros irán directamente a la calle», aseguró el mandatario bielorruso. También está habiendo represalias entre el personal médico que secunda la huelga. Hay ya más de una decena de sanitarios arrestados. Mientras, en las fábricas y centros de trabajo aumentan las amenazas de despido, además de las muchas detenciones ya practicadas.

A través de su cuenta de Telegram, Tijanóvskaya dijo que «la huelga continúa. Sabemos que ahora mismo los empleados de las fábricas y empresas se niegan a ceder y aceptar turnos adicionales, se resisten a las fuerzas de seguridad y a las órdenes represivas de la dirección. Cada vez son más los que se suman al paro». Afirmó que los trabajadores de las principales fábricas del país están siendo sometidos «a una enorme presión y necesitan nuestro apoyo».

En declaraciones a la radio Eco de Moscú, el politólogo bielorruso Alexéi Dzermant, investigador principal del Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de Bielorrusia, cree que «las protestas en Bielorrusia tal vez disminuirán en número en adelante, pero el grado de radicalismo se incrementará». A su juicio, tal situación «provocará una respuesta muy dura de parte del Gobierno». Su colega, el analista Valeri Karbalévich, ya señaló el lunes que «la confrontación política se está agudizando». Según sus palabras, aunque no se llegara a lograr parar la mayor parte de los centros de trabajo, el ultimátum de Tijanóvskaya «se ha convertido en un factor de movilización que hará aumentar las protestas».

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