Posted on October 16, 2020, 6:10 pm
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En la noche de este jueves estaba previsto el segundo debate entre los candidatos a la presidencia de EE.UU.Donald Trump y Joe Biden. Se cruzó el positivo por Covid-19 del presidente que movió a la Comisión de Debates Presidenciales a proponer que el encuentro fuera virtual. Trump se negó y se canceló el debate. Pero los candidatos acabaron por coincidir en la misma noche en la televisión estadounidense: Biden mantuvo un «town hall» -encuentro con votantes- en Filadelfia organizado por ABC News y Trump contraprogramó con un formato similar desde Miami, auspiciado por NBC.

El resultado fue un duelo en la distancia que evitó la bronca del primer debate -con continuas interferencias y ataques personales, promovidos sobre todo por Trump-, pero que impidió que los estadounidenses escucharan a cada uno de los candidatos. A NBC le llovieron las críticas por permitir a Trump invadir el espacio de Biden después de que fuera él quien se negara a hacer el debate virtual. La presentadora del programa, Savannah Guthrie, se empeñó en combatir la idea de que la cadena le hacía un favor al presidente.

Antes de las preguntas de los votantes, Guthrie realizó una entrevista de unos veinte minutos, incisiva, insistiendo en sus preguntas cuando Trump se negaba a contestar y contrarrestando con datos sus respuestas.

Por ejemplo, le dijo al presidente que hacía una interpretación falsa de un estudio cuando Trump aseguró que el 85% de las personas que llevan mascarilla -una protección que él ha rehusado utilizar de forma pública- se contagian igual. O, cuando Trump dijo que su gestión había salvado millones de vidas y citó una proyección que apuntaba a dos millones de muertos por covid, Guthrie precisó que la estimación era si no se imponía ninguna medida (la mayoría de los estados del país impusieron restricciones y confinamiento).

También arrinconó al presidente cuando intentó que condenara QAnon, un movimiento que defiende una teoría conspiradora sobre una supuesta red de pedófilos en las altas esferas del poder. La teoría de QAnon, que no tiene ningún respaldo, ha calado con fuerza en las bases de Trump y el presidente incluso ha apoyado a algún candidato republicano que la defiende. Trump se negó a condenarlo y prefirió hablar del peligro de los antifa, los grupos radicales de extrema izquierda.

Fue un intercambio tenso, en el que en varias ocasiones se vio a Trump a la defensiva. Guthrie también le presionó sobre sus impuestos -desvelados por «The New York Times»- y por sus planes, de los que no ha dado detalles, para sustituir la reforma sanitaria conocida como Obamacare. Quizá el presidente echó de menos el formato del debate, donde en el primer encuentro con Biden capitalizó buena parte del tiempo e impidió a su rival expresar sus puntos de vista. El demócrata no tuvo esta noche ese problema. En el «townhall» de ABC, moderado por George Stephanopoulos, tuvo tiempo y calma para dar respuestas largas sobre su programa.

Las preguntas de Stephanopoulos no tuvieron la tensión de las de Guthrie, pero sí buscaron que Biden no se fuera sin responder en asuntos como la tensión racial o los ‘recortes a la policía’, la gran exigencia de las protestas de este verano. Biden tuvo que reconocer que la ley de criminalidad de 1994, que él impulsó y que tuvo como consecuencia el aumento del encarcelamiento de la población negra, fue un error. El periodista puso contra las cuerdas a Biden en un asunto de alto voltaje político: la renovación del Tribunal Supremo. El candidato se ha negado a decir si apoya ampliar el número de jueces después del remplazo de urgencia promovido por los republicanos tras la muerte de la magistrada Ruth Bader Ginsburg y que muchos demócratas consideran ilegítimo. Hasta ahora, Biden ha conseguido esquivar la respuesta, que le pondrá en contra del electorado moderado o del progresista. Ayer anunció que adoptará una posición antes de las elecciones y que dependerá de «las prisas» que se den los republicanos en el Senado para confirmar a la nueva jueza, Amy Coney Barrett.

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