Posted on October 15, 2020, 5:30 pm
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Tras dos días de interrogatorio, la comisión de Justicia del Senado de Estados Unidos vota hoy sobre la candidatura de la juez Amy Coney Barrett para ingresar en el poderoso Tribunal Supremo norteamericano en sustitución de la magistrada feminista Ruth Barr Ginsburg, fallecida hace un mes. La juez Barrett fue preguntada insistentemente por los demócratas sobre su opinión con respecto a temas candentes como el aborto, la reforma sanitaria de Barack Obama o la posible intervención de Supremo en las elecciones en caso de empate o acusaciones de fraude.

«Nadie me ha pedido compromisos en ningún caso», dijo la jueza Barrett a los demócratas, que querían saber si había prometido algo al presidente Donald Trump cuando le ofreció el puesto. Sí defendió en sus dos días de vista oral que no cree que los juzgados deban hacer política, y renegó del activismo judicial. «No vengo a cumplir ninguna misión», dijo Barrett en más de una ocasión.

Tampoco renegó la magistrada de las opiniones que ha transmitido en artículos cuando era profesora de derecho en la universidad de Notre Dame o ya en el juzgado federal al que ingresó en 2017. Está claro que se opone a una interpretación amplia de las leyes del aborto, y no considera el fallo favorable del Supremo en 1973 (conocido como Roe v. Wade) como un precedente intocable.

Cuando la senadora demócrata Amy Klobuchar le preguntó por enésima vez sobre el asunto, y si el fallo de 1973 era un «súper-precedente», Barrett respondió: «Por la cantidad de preguntas que recibo del asunto no parece serlo, pero de todos modos muchos académicos no creen que eso sea razón para anular ese fallo. Pero tampoco significa eso que sea un caso imposible de anular».

El peor momento

En otro momento, un senador republicano, Ben Sasse, le quiso hacer una pregunta fácil que resultó siendo uno de los peores momentos para Barrett. Su señoría le preguntó algo que se estudia en los colegios: qué cinco derechos ampara la primera enmienda de la Constitución. Barrett dijo solo cuatro: «libertad de expresión, prensa, religión, reunión… ¿cuál me falta?». El senador le dijo: «protesta».

De hecho, varios grupos feministas protestaban a las puertas, airados por el conservadurismo de Barrett y por la premura del proceso. Este tipo de confirmaciones del Supremo suelen tardar 70 días, pero en este caso el presidente Trump y su partido esperan que antes de las elecciones del 3 de noviembre esté ya la jueza en el banquillo con sus ocho compañeros.

Los republicanos son mayoría en esa cámara y tienen votos suficientes para hacerlo. Por el tono de sus preguntas, no ven fallo en Barrett. El senador conservador John Cornyn en un momento le preguntó a la magistrada si podía enseñar los papeles que llevaba para dar sus preguntas, llenas ellas de datos y referencias a casos de gran enjundia. Barrett sonrió y alzó un cuaderno que estaba totalmente en blanco.

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